La mentira llega hasta que la verdad la alcanza…

27 Mar

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” Más vale maña que fuerza”, dice el refrán. Algo que ignoraba el ahora abogado Stephen Glass cuando vendía su periodismo de ficción en las páginas de The New Republic. El escándalo gusta. Queda claro que nadamos en una sociedad impregnada de sensacionalismo y a la que el ruido parece importar mucho más que la calidad de lo que se consume. Basamos nuestro criterio en la moda, elegimos entre lo típico y general sin querer romper moldes, sin apartarnos del rebaño, pero tampoco comprobamos la mercancía.  Y esto también sucede con los medios de comunicación, pero ¿tienen las plataformas de renombre, con mayor tradición y apoyo social, la mejor oferta real? Y ¿qué criterios definen la mejor oferta?

Actualmente el periodismo sufre una etapa negra sin precedentes. Sumándose a la caída de la prensa escrita y la publicidad, se encuentra la crisis que afecta a prácticamente todos los sectores profesionales del país. Los primeros afectados, como no podía ser de otra manera, son los medios pequeños, los que cuentan con menor soporte, y las redacciones locales de los principales diarios españoles. Parece que no hay de qué preocuparse -piensan algunos- mientras los ‘peces gordos’ sigan en pie. Esta reflexión se da porque estamos acostumbrados a confiar en ‘lo de siempre’, porque damos por hecho que aquello que ha funcionado ‘de toda la vida’ no puede fallarnos. Tal vez ha llegado el momento de someterlo a prueba después de muchos años viviendo de rentas.

Un ejemplo claro de este conflicto que genera la fe ciega en lo tradicional es el caso del periodista de investigación Stephen Glass, que escribía sus artículos en la revista norteamericana The New Republic (TNR), fundada en 1914 y fuertemente consolidada entre los medios de contenido político y social americano. No es de extrañar que un medio casi centenario pueda erigirse entre los lectores como un lugar en el que depositar sin miedo su confianza, pero tampoco hay que olvidar que detrás de un gran nombre hay muchas personas, y una manzana podrida estropea el resto del cesto.

El escándalo de Glass está retratado en la película El precio de la verdad (Shattered Glass), que narra los acontecimientos de 1998 cuando, tras varios artículos del periodista que ya habían suscitado dudas sobre la veracidad de su contenido, Adan Penenberg tiraba de la manta con el artículo “Hack Heaven” de Glass. En este artículo narraba una historia rocambolesca acerca de un hacker de 15 años que había conseguido burlar el sistema informático de seguridad de una empresa llamada  “Jukt Micronics”, tras lo cual habrían contratado al adolescente. En aquellos momentos, Adan Penenberg trabajaba como periodista especializado en tecnología en Forbes.com, una plataforma digital fundamentalmente dirigida a ejecutivos y gente de negocios. Pero el desconocimiento absoluto sobre los acontecimientos que Glass describía, hicieron sospechar a Penenberg que podían ser inventados, iniciando una investigación sobre los mismos que le llevaría a descubrir la farsa cuidadosamente tejida por el periodista de The New Republic.  Así se lo hizco saber a Charles Lane, entonces director de TNR, que no pudo más que confirmar los resultados de la investigación de Penenberg. 

Y así era como un articulista especializado en tecnología de una plataforma digital, nueva, con un menor número de lectores y apoyo social que TNR, ponía en jaque a un periodista que trabaja para una de las revistas norteamericanas más consolidadas del mercado. Penenberg no tenía los mismos recursos, pero tenía la verdad, que siempre sale a la luz, como dice otro refrán.

La primera reflexión que suscita este caso, más allá del descubrimiento que Penenberg realizaba a partir del que sería el último artículo de Stephen Glass, es lo increíble de la impunidad con la que habría actuado el periodista de TNR en todos sus trabajos anteriores donde, a pesar de los avisos enviados a Charles Lane, seguía sin comprobar la veracidad de los contenidos de su empleado, que contó con carta blanca para continuar manchando el buen nombre del periodismo de investigación. ¿Demostraría esta actitud por parte del medio la prioridad otorgada a las ventas más allá de la calidad?

Otra conclusión a la que podría llegarse tras estudiar el caso de TNR es la falta de seriedad en el proceso de comprobación de datos, siendo posible ‘colar’ informaciones ficticias, sin suponer una barrera la importancia del medio en el que se publica el contenido. La información se contrasta con las fuentes; por tanto quien controla la fuente, controla la información.

¿Qué lleva a un periodista a inventarse una información? La veracidad es una de las principales bazas de esta profesión, es aquello que da nombre al escritor y que el lector tiene más en cuenta a la hora de elegir qué medio quiere consumir, en qué periodista depositar su confianza. Pero cuando el espacio en el que se desarrolla una profesión se convierte en una carrera de galgos donde quedarse el último supone salirse del juego, siempre queda el recursos de saltarse las reglas. Stephen Glass apostó por ofrecer los mejores temas, pero nunca por conseguirlos. La responsabilidad de la ética periodística no debe descansar únicamente en los redactores, sino también en aquellas personas que eligen las informaciones que conformarán en contenido de un medio, y para ello la verdad debe siempre estar por encima de la competencia.

Algo que llama la atención de este caso es la facilidad con la que TNR ofreció toda la ayuda e información a Forbes.com para la investaigación que realizaban acerca del tema desarrollado por Glass. Hoy sería casi imposible imaginar ese tipo de relación abierta entre dos medios que forman parte del competitivo engranaje del que bebe el periodismo. Sin embargo, fue esa misma colaboración la que posibilitó a la prestigiosa revista descubrir al ‘elemento’ con el que contaban entre sus trabajadores, pudiendo haber librado al medio de problemas más graves en un futuro. Quizás esto debiera servir como ejemplo para el resto de medios del sector, favoreciendo una competencia sana que condujera a perfeccionar sus resultados.

Por último, la premisa con la que se partía en este artículo: la importancia de lo tradicional frente a medios poco consolidados. El periodismo digital intenta hacerse hueco a dentelladas entre los grandes medios de comunicación. Aunque cada vez parece más fácil colarse en los ordenadores de los usuarios, todavía sobrevuela la idea de que la prensa escrita representa la seriedad frente a las informaciones que pueden encontrarse en las plataformas digitales. Pero la veracidad se encuentra en las manos de quien escribe, independientemente del instrumento con el que lo haga.

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