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Glass; narcisismo infantil

20 Mar

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Laura Nuñez“Quiero que crean que fui un buen periodista, una buena persona. Quiero que amen la historia y así podrán amarme a mí” así de soberbio se mostró el periodista Stephen Glass después de que la publicación Forbes sacará a la luz que los artículos de Glass eran pura ciencia-ficción.

Stephen Glass, tiene rostro. Nació en 1972 y estudió en la Universidad de Pennsylvania. Allí comenzaría una carrera profesional como periodista, durante la que llegó alto, pero que a la vez fue la que le hundió. Fue editor de  The Daily Pennsylvan, el periódico de los estudiantes. Después de su graduación, con sólo 23 años, comenzó a trabajar para The New Republic.

No sé que causo más impacto en su momento, que la afamada publicación The New Republic estuviera dando informaciones falsas o que se diera a la luz a través una pequeña publicación online, Forbes. David contra Goliat, y como en la historia de ficción, volvió a ganar David.

Nuestro David también tiene nombre y apellido, Adam Penenberg, un reportero de la edición online de la revista Fobes.

Hack Heaven (Paraíso Hacker), fue el articulo que levantó las sospechas. Un joven de 15 años, hacker informático, exigente, con representantes, al que lo único que le movía era el dinero, consigue atravesar el sistema de seguridad online de Just Micronics. Era una historia demasiado increíble. Hasta tal punto que nada tenia sentido (ni las fuentes, ni el lugar en el que supuestamente había tenido lugar un congreso de hackers, etc.). El dato más sorprendente era el de la empresa Jukt Micronics, una gran firma de software sin página web.

Pennemberg, especializado en noticias sobre los negocios informáticos, jamás había oído hablar de ese hacker y, mucho menos, de la empresa que lo había contratado. Pennemberg comenzó a rascar y se dio cuenta de que todo formaba parte de un gran engaño. En un primer momento pensó que su colega Glass había sido engañado por una fuente pero luego destapó que era el propio Glass el que había inventado toda la historia para hacerse un hueco y engrosar su propio ego.

glassA partir de este artículo sólo fue cuestión de tirar de la cuerda para descubrir que no era un artículo inventado sino un redactor con delirios de grandeza.

 En un país con más de 300 millones de habitantes como Estados Unidos y en una época en que no se había producido aún la eclosión de redes sociales, el joven periodista pudo engañar durante años a su empresa y a los lectores.

 Conclusiones

 El desenmascaramiento de Stephen Glass no sólo conllevó su despido definitivo sino también el positivo desarrollo de los medios digitales, que en EEUU, en esos años 90, ya habían comenzado a aparecer. Y que a partir de este momento ganarán en credibilidad, en prestigio.

 En el caso de The New Republic se desmantelo el fraude, pero en cuántos otros casos a lo largo y ancho del planeta se están dando en estos momentos informaciones falsas y no lo sabemos. Por ejemplo el fraude de Wired.com.  

El hecho de que un redactor de 23 años pudiera escribir informaciones falsas durante varios años en una revista de prestigio abre el debate de qué tipo de filtros tiene un periodista a la hora de publicar una información.

Stephen Glass se convirtió en el redactor estrella de la revista, es decir tanto al público como a sus jefes y compañeros les gustaba lo que Glass escribía, qué valoraban realmente su manera de escribir o la información del artículo.

 Tras ser despedido de The New Republic, Glass apareció en la televisión en la CBS promocionando su novela biográfica, ‘El fabulador’, editada en España por Planeta. Una biografía que tuvo muchas ventas, al final uno se plantea si el éxito esta acompañado de comportamientos fraudulentos.

 Como hemos visto en el caso de The New Republic, el buen periodismo no es sinónimo de medios tradicionales. Si es cierto que los nuevos periódicos digitales exigen una inmediatez que a un periódico en papel no se le exige, por ello tendemos a pensar que la información más rigurosa esta en un medio tradicional.

En mi opinión el periodismo tanto tradicional como online se compone de periodistas. Y en este momento es cuando podemos hablar de periodistas mediocres, buenos o excelentes. Da igual hablar de periodistas 1.0 o 2.0, ya que los medios sociales no dejan de ser, como siempre, una herramienta que depende de como sea usada dará unos resultados u otros. El mal periodismo da igual que tenga 2.0 o 3.0, seguirá siendo mal periodismo.

Hay muchos compañeros que apoyan la tesis de que las redes sociales han acabado con el buen periodismo, pero yo no lo creo, o al menos me niego a ser tan pesimista. El buen periodismo nunca muere, podrán cerrar periódicos locales, televisiones o  fusionar medios. Pero el buen periodista se adaptará y sobrevivirá como siempre lo ha hecho.

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